La Cibermadre

Les quiero contar mi historia: No pude soportar que mis amigas se intercambiaran sus direcciones de e-mail, como antaño lo hacían con las recetas de cocina.
Así que, finalmente... ¡me compré la computadora!
- Cambié el interlock por internet.
- El charlar por el chatear.
- La hernia de disco por el disco duro.
- El tic nervioso por el doble clic.
- La pantymedia por la multimedia.
- En lugar de engordar... me maximizo.
- Vivo pendiente de los e-mails: que recibo y que re-envío.
Padezco una compu-dependencia compulsiva. Pero, al menos, mejoré la relación con mis nueras y con mis hijos.
Con ellos me comunico a través de los mails. Y ya no corro el riesgo, de despertarlos con mis llamadas inoportunas.
No oigo más respuestas desganadas, apuradas o agrias.
No me entero si, al leer el mail, mi nuera dice: "Qué divina es tu mamá, nos mandó un mail, ya se lo estoy contestando".
O dice: "Otra vez tu vieja hinchando los Web. Contéstale tu porque es tu madre".
Y si no me responden pronto, no me corto ni las venas ni preocupo como antes. No se me cae la moral… Sólo pienso… que … se les cayó el sistema..
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